Análisis crítico de la institución militar en Chile: El testimonio de los militares democráticos de la FACH.

Esta ponencia se fundamenta en un estudio realizado por el  equipo del taller de análisis de temas militares “Carlos Prats”, del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL). El taller se define como una instancia de reflexión sobre lo militar y de praxis orientada a la democratización plena de nuestra sociedad. El trabajo del taller lo realizan en conjunto militares democráticos,  profesionales y no profesionales civiles.  Las publicaciones del taller tienen como objetivo entregar elementos de análisis a los dirigentes sociales, pobladores y profesionales progresistas.

En relación a las Fuerzas Armadas, el sujeto militar democrático resulta ser  el gran ausente en la discusión pública actual. No tienen reconocimiento institucional ni son visibles socialmente.  Nuestra presentación se construye en base al testimonio  de algunos de estos militares democráticos, de diverso rango, que pertenecieron a la Fuerza Aérea de Chile (FACH) hasta el golpe militar, cuando fueron violentamente exonerados y sometidos a las más horrendas vejaciones.

Desde una perspectiva antropológica, la institución militar recrea una cultura institucional que produce marcas simbólicas y reales en los sujetos.  Generalmente estas instituciones se orientan hacia la cohesión interna, produciendo un carácter de cofradía entre sus miembros.  Si bien la opción de ingreso a la carrera militar es voluntaria, una vez en la institución, la adherencia o no con un estilo de vida va marcando una identificación menos reflexiva con la institución. En lo militar, existen fantasmas institucionales específicos (“el enemigo”, “el paisa”) que se inculcan en los sujetos y definen su relación con la sociedad.

La resolución del conflicto político-social  ocurrido en Chile, implicó al interior de las FFAA una escisión, donde los sectores democráticos al quedar marginados, interpretan críticamente el carácter de las instituciones castrenses, resignifican las experiencias vividas y logran analizar aspectos generalmente ocultos de la vida militar. Podríamos decir que la coyuntura histórica  los hace casi necesariamente críticos de la institucionalidad vigente, como un proceso de toma de conciencia de sí mismos.  Se trata de una perspectiva crítica que existía previamente pero que se ve potenciada cuando se ha sufrido directamente  la violencia de Estado y la exclusión.

Desde esta lectura crítica de lo militar, los ritos se develan como simulacros, la armonía aparente de las instituciones castrenses esconde fuertes conflictos de poder interno y de clase. La historia construida desde los militares democráticos tiene un gran valor, no sólo en el sentido testimonial, sino porque parte de un análisis que cuestiona el militarismo desde códigos que también son militares.  Como por ejemplo, en el análisis de las causas del golpe militar, análisis que considera aspectos militares que son argumentos una cierta cultura institucional. La institución se vive como un escenario de lucha de clases, de conciencia de la desigualdad entre oficiales y clases. Esta desigualdad tiene un correlato simbólico, expresado en los uniformes y los espacios destinados a unos y otros,  en las relaciones sociales se vivencia como autoritarismo del que tiene más poder sobre los subalternos.

Entre los entrevistados nos encontramos con una gran  diversidad de  orígenes y vocaciones.  Algunos  orientan su discurso a partir de su formación religiosa, y hacen una lectura de la experiencia vivida en la institución militar desde esos parámetros morales; otros interpretan sus vivencias desde un discurso político y tienden al análisis de los factores sociales involucrados en el contexto institucional que les tocó vivir.

Casi la totalidad de los entrevistados fueron parte de la suboficialidad y comparten un sentimiento de pertenencia de clase, así mismo, relacionan su opción profesional con la necesidad  de estabilidad económica y laboral durante en su juventud. Todos los entrevistados parecen haber tenido un desempeño por sobre el normal en su trabajo, manifiestan una buena  evaluación de su desempeño y dan argumentos probatorios (haber estado en grupos de selección, sacar buenos puntajes, haber desarrollados nuevas tecnologías), destacándose en su funciones. Todos comparten una visión crítica de la institución: fundamentalmente su estructura infantilizadora de sometimiento al otro (superior jerárquico). Desde la perspectiva de los militares democráticos la promesa institucional de una formación técnica o profesional de alta calidad era subsumida por el énfasis en la instrucción disciplinaria “infantilizadora”.

Las entrevistas muestran que, para los suboficiales, la institución constituye una promesa de seguridad económica y de acceso a recursos educacionales de difícil acceso para la clase trabajadora de donde proviene este contingente. La decisión de iniciar una carrera militar corresponde a un proceso de racionalización respecto de las oportunidades que ofrece la sociedad. En el relato de los suboficiales la decisión de ingresar a la institución se encuentra de alguna manera “justificada” racionalmente por la posición de clase, lo cual se diferencia del relato del oficial donde la decisión se atribuye a motivaciones más personales que de contexto.

De los relatos, se destaca la década del 60 como un momento de cambios al interior de la institución. Esto generaba tensiones que provenían desde la oficialidad conservadora. Al inicio de los setenta, el gobierno popular implicará una amenaza a las posiciones privilegiadas de los oficiales, lo cual genera fuertes resistencias. Aparentemente, la estructura clasista de la institución entra en crisis. Los subalternos “problemáticos”, por sus posturas críticas, resultan tener respaldo en la línea de transformaciones institucionales promovidas por el gobierno popular.

Por parte de los militares democráticos se vive una suerte de anticipación del golpe militar en los cuarteles. Indirectamente perciben la influencia de los Estados Unidos en la formación de cuadros represivos y golpistas. Pese a sus intentos por detener el proceso anticonstitucional que logran anticipar, no logran ser escuchados oportunamente por el mundo político civil. Por otra parte, al interior de la institución los militares democráticos carecen de la orgánica que tienen los golpistas. Luego vendrá la persecución y el ensañamiento, dándose la homologación de conceptos: democrático (constitucionalista) = traidor  (enemigo) y el comienzo de la actual doctrina institucional.

La relación cívico militar en la anterior república y la estructura de las FFAA (desde la perspectiva de los militares democráticos).

Eran tiempos en que el país vivía una democracia estable, las Fuerzas Armadas estaban sometidas al poder civil y su objetivo básico era la defensa de la nación del ataque de una potencia exterior. Bajo estos parámetros existía una relación Fuerzas Armadas y ciudadanía de relativa armonía, situación que empieza a cambiar con el inicio de la Guerra Fría y se radicaliza con el triunfo de la Revolución Cubana. Estados Unidos con su teoría “Dominó”, pone el énfasis en parar a cualquier precio una segunda Cuba, es aquí donde los sistemas democráticos de América Latina son pasados a llevar por estas políticas y en un espacio de tiempo de 20 años, transformados en su gran mayoría en Dictaduras Militares de Extrema Derecha, siendo Chile uno de los últimos bastiones democráticos en caer.

Chile es el último en caer en una dictadura militar, en primer lugar por su ubicación geográfica, y en segundo lugar  por su misma estructura democrática y la consolidación democrática con la Constitución de 1925.

La composición de las Fuerzas Armadas chilenas se daba bajo la influencia de las Fuerzas Armadas europeas; Alemana, Inglesa y además una fuerte influencia Norte Americana debido a los Pactos de ayuda Mutua de Post-Guerra, en la década del 50.  Esta composición se basa fundamentalmente en fuerzas semi-profesionales que están conformadas por el Cuerpo de Oficiales y el Cuadro Permanente.

Estas dos estructuras, la de oficiales y el cuadro permanente, tienen su origen en los diferentes estratos de la sociedad, de los cuales sacan sus contingentes para darles su conformación ingresando a las escuelas matrices en donde se les prepara y entrena:

Los futuros oficiales que dirigirán y comandarán estas Fuerzas Armadas serán seleccionados y elegidos entre aquellos jóvenes que provengan del pequeño sector de la burguesía. Lo inverso sucede con el ingreso del personal del Cuadro Permanente a las instituciones, que también cuentan con sus escuelas matrices en donde tienen acceso los jóvenes del Proletariado.

Esto deja claramente preestablecido que el mando total de todas las Instituciones militares del país queda bajo la hegemonía del sector burgués minoritario de la sociedad chilena.

El Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile, se da con unas Fuerzas Armadas con estas características, la que sin lugar a dudas defendió los intereses de este sector como consecuencia de la conformación social en los diferentes escalones que la componen, usando la verticalidad del mando para lograr los objetivos del derrocamiento del Gobierno Popular.

Como hijos de padres obreros, artesanos, campesinos, empleados, y enfrentando grandes dificultades económicas, sociales y educacionales propias del sector en la década de los 50, y teniendo muy pocas perspectivas de desarrollo educacional y de trabajo, a los suboficiales entrevistados les atrajo la idea de incorporarse a las instituciones armadas con el fin de superar estas falencias sociales, sin tener una idea clara de lo que esto significaría en su futuro.

La institución los acoge bajo el concepto de defensores de la patria en un hipotético caso de guerra con una potencia exterior, principalmente con los países limítrofes o cualquier potencia que amenazara nuestra libertad, por lo tanto se les preparaba para defender la nación en caso de ser amenazada por una potencia externa, simbolizando esto con el juramento a la bandera.

Inicio de la Carrera Militar.

Con los testimonios que se cuentan, podemos apreciar que hay dos características que marcan a los oficiales y los suboficiales. Los primeros entran a la institución por una vocación o decisión independiente y  los segundos motivados explícitamente por  necesidades propias del sector social al que pertenecen.

La institución misma determina además, previamente, quién entra a sus escuelas matrices; a la Escuela Militar, Aviación y Naval. Éstas son sólo para oficiales, y están reservadas a un sector muy minoritario de la sociedad; burguesía y pequeña burguesía. La oficialidad está destinada a mandar y llegar a ocupar los altos mandos de las instituciones de defensa. En la otra vereda, la suboficialidad está predestinada para la clase trabajadora y también cuenta con sus escuelas matrices.

De aquí queda predeterminado quién controla las Fuerzas Armadas chilenas, tradición clasista que se arrastra desde que Chile cuenta con fuerzas armadas, donde queda claramente demostrado que no son los mejores soldados los que llegan a comandar estas fuerzas, sino que el poder es patrimonio de un grupo social muy reducido que más que nada, está ahí para defender los intereses propios de ese sector social, más que el de una nación entera.

El ingreso de la suboficialidad a las instituciones de la defensa se da principalmente por la carencia de recursos económicos para continuar estudios superiores y además por encontrar una fuente de ingresos y tener una previsión segura. La otra fuente que tienen las escuelas de suboficiales proviene de los contingentes de conscriptos que anualmente están terminando su servicio militar y se han caracterizados por ser buenos soldados.

Institución

Las escuelas matrices preparan tanto a oficiales como suboficiales bajo normas estrictas de disciplina donde lo fundamental es el verticalismo del mando y donde la obediencia juega un rol preponderante, todo este sistema de formación y entrenamiento tienen su origen en lo que fueron las fuerzas armadas europeas y norteamericanas después de la segunda guerra mundial.

Este entrenamiento de obediencia casi ciega a sus superiores marcaría a las personas fuertemente y es muy difícil que alguien logre sobrellevar este proceso y solo cierta minoría es capaz de sobreponerse y cuestionar procedimientos institucionales que prácticamente anulan a la persona.

En nuestras entrevistas logramos encontrar a este tipo de personas, que por diferentes razones ya traían un patrón de comportamiento social o por conceptos y principios religiosos entraban en contradicción con la institución, en los casos que estudiamos siempre nos encontramos con sujetos que se destacaban en su servicio  y asumían roles características de liderazgo entre sus pares.

La mayoría de nuestros entrevistados, idealizaron la institución por los conceptos valóricos y de honor que ellos tenían antes de incorporarse y que procedía de  la formación obtenida en su medio de origen. Esto los lleva a tener serias contradicciones al enfrentarse al abuso de mando, a la corrupción, a la falta de lealtad, a la desconfianza con sus superiores por el hecho de tener que cumplir órdenes mal impartidas o no de acuerdo con los criterios realidad y sentido común, así como el hecho de tener que sufrir penas del infierno por no cumplirlas.

Los conceptos militares  que se inculcan al ingresar a la institución, de servir a la patria y entregar la vida si fuese necesario,  se contradice radicalmente con lo que al interior de las instituciones sucede o se hace, lo cual va generando una suerte de distanciamiento en los sujeto, que internalizan que  todo funciona solo alrededor de las órdenes de sus superiores sean estas buenas o malas.

Lo que más rescatan los entrevistados es “la camaradería” que se crea entre pares  a raíz de la convivencia diaria y la búsqueda de encontrar a alguien similar con quien hacer amistad y enfrentar este nuevo mundo social en mejores condiciones, camaradería que perdura en el tiempo.

Contexto histórico y procesos institucionales.

La década del 60: 

Durante la década del 60, la vida institucional las Fuerzas Armadas se desarrolla en el país bajo una atmósfera de cierta normalidad relativa de democracia ya que por un lado tenemos las consecuencias de la guerra fría en toda Latinoamérica, marco en el cual se empiezan a establecer las dictaduras militares en la región , siendo Chile el último en caer, esta política de dictaduras de extrema derecha, tienen como objetivo, evitar que se reproduzca la experiencia de Cuba.

Dentro de la Fuerza Aérea se empiezan aplicar planes con el objetivo de prepararse para una eventual intervención militar con el objetivo de controlar el poder político en complicidad con la burguesía criolla.

Esto queda claramente demostrado con la aplicación del plan Camelot, que es desarrollado por la CIA dentro de los institutos militares, el adiestramiento de personal en la zona del Canal de Panamá, para la lucha urbana, con la conformación de compañías  Anti-disturbios. Hechos que son conocidos tangencialmente y, en muchos casos, “a posteriores” por los militares democráticos.

En Chile la estrategia de intervención militar  se desencadena con el Tacnazo al final del periodo presidencial de Eduardo Frei  M., después tenemos el atentado y asesinato del Comandante en Jefe del ejército, antes de que asuma el nuevo presidente electo. 

La situación política externa e interna que  afectaba a las instituciones armadas en Chile, toca a sus componentes tanto en los cuadros de oficiales y suboficiales se diría casi en forma directa, los oficiales son chequeados y casi obligados a participar en el complot a través de los consejos de honor y obligarlos a incorporarse y si no lo hiciere la marginación y la exclusión. En cuanto a la suboficialidad, buscar adeptos condicionales e incondicionales, además usar la verticalidad del mando y la obediencia ciega, para conseguir sus objetivos sediciosos.

El gobierno de la Unidad Popular

Pese a las tensiones,  los soldados democráticos y leales a la Constitución, ven fortalecidas sus convicciones democráticas con la elección del Presidente Salvador Allende, viendo en él un salto cualitativo en la modernización y acercamiento de las Fuerzas Armadas a la sociedad y ponerse en conjunto a la gran tarea que el país se estaba proyectando como primera nación en el mundo que elegía un presidente socialista por la vía democrática, para los militares democráticos significaba un gran avance en la sociedad y, de distintas maneras se sentían partícipes de ese gran proyecto.

Durante los primeros meses de gobierno popular, los militares democráticos se ven doblemente golpeados, primero por que el nuevo gobierno mantiene los comandantes en jefes institucionales en las Fuerzas Armadas y en el interior de estas se hizo más notorio el control de los oficiales golpistas sobre los oficiales y suboficialidad leales al gobierno y la sedición ya empieza a trabajar en forma más directa, era evidente que se preparaba un evento de gran envergadura para intervenir militarmente.

Aún cuanto se daba esta situación tensa de vida en los cuarteles, muchos cuadros de suboficiales pudieron acceder a los planes de estudios superiores dedicados para los trabajadores en horas extra, situación que alertó a los golpistas al ver que se producía un contacto directo entre trabajadores y militares en las aulas universitarias. Por otra parte, el acceso de los suboficiales  a estudios académicos tensionaba las jerarquías internas de la institución.

Se tenían banderas de lucha por parte de la suboficialidad, tales como el voto universal para todo el personal de las Fuerzas Armadas que hasta ese momento era solo atribución de la oficialidad, la escuela única para la formación de oficiales, una integración con la sociedad civil en los planes de desarrollo del país, tener fuerzas armadas modernas de acuerdo con las necesidades de la nación.

Los intentos de acelerar y provocar el golpe eran cada vez más evidentes y no faltaban aquellos oficiales que querían precipitar los hechos al ver que en las elecciones de marzo de 1973, la votación obtenida por el Gobierno había aumentado obteniendo más asientos en la Cámara de Diputados, consolidando su liderazgo político, solo quedaba la respuesta de un golpe militar por parte de la oposición.

La ocasión no se dejó esperar y en el mes de junio de 1973 se lleva a cabo el intento más serio por parte de elementos del ejército, que no prosperó por la decidida oposición de su comandante en jefe general Carlos Prats. Este fue otro momento de frustración por parte de los suboficiales que veían el momento preciso para entrar desestabilizar los preparativos de golpe por parte del gobierno, tomando medidas especiales que estaban dentro de sus atribuciones como la de cambiar a los comandantes en jefe en los cuales no confiaba por otros de su plena confianza y dentro de la oficialidad comprometida en la sedición que se fraguaba, llevar a cabo una completa limpieza la cual ya encontraba plenamente identificada.

Esto queda demostrado en la Armada, cuando son detenidos y torturados suboficiales constitucionalistas que se atrevieron  a denunciar a la oficialidad golpista de la Armada en el mes de agosto del 73, procediendo a acusarlos de insubordinación, todo por el delito según ellos de “actividad política con personeros de partidos políticos de gobierno”. Esto fue conocido por suboficiales de las otras ramas de la defensa los cuales solo pudieron solidarizar con sus camaradas detenidos en el más absoluto silencio, ya que las medidas tomada por los altos mandos de amedrentar aquellos que osaran solidarizar con el gobierno o aquellos que ya estaban prisioneros estaban a la orden del día, como lo que sucede en la Fuerza Aérea, que también empiezan a detener y torturar a suboficiales, acusándolos de participar en conversaciones con civiles, estos hechos tienen como objetivo de causar  temor en el personal y dividirlos ya que también los acusan de que complotaban para asesinar oficiales y suboficiales opositores al gobierno popular, causando gran alarma a todo nivel en las filas.

Se intenta además por parte de oficiales golpistas de atacar  al gobierno y generar alianzas, manipulando la información y haciendo creer que existía una gran inquietud del personal en general por la necesidad de un aumento de sueldos para solventar el alza del costo de la vida y poder recuperar el poder adquisitivo, quejas además por el desabastecimiento de alimentos básicos en insumos de consumo; aún cuando las Fuerzas Armadas era un sector privilegiado por tener un sistema propio de abastecimiento de estos productos.

Para el tancazo de junio de 1973, hubo manifestaciones de rechazo a participar en el complot y se producen discusiones por el hecho de estar unos en contra y otros a favor de los sediciosos que pretendían tomarse el Palacio de la Moneda. Como este intento fue fallido gracias a la enérgica participación del General Carlos Prats, Comandante en jefe del Ejército, los golpistas no cesaron en su intento de adelantar las acciones, también esto hace surtir efectos de frustraciones en la suboficialidad leal al gobierno, al ver que no se toman acciones enérgicas tendiente a destroncar los preparativos del golpe en todas las ramas de la defensa nacional, se producen algunas renuncias y deserciones para evitar un enfrentamiento entre hermanos. Es así como llega el 11 de septiembre de 1973, sin tener la menor posibilidad de detener el golpe dejando toda la iniciativa al sector sedicioso para consumar sus abyectas intenciones sin la más mínima posibilidad de algún intento de revertir la situación o por lo menos de hacer una denuncia masiva, para atraer la atención pública.

El Proceso “Aviación, Contra Bachelet y Otros 1-73

Este Consejo de Guerra, llevado a cabo por la Fuerza Aérea de Chile, tiene por objeto principalmente de sancionar severamente a aquellos oficiales y suboficiales, con el objeto de amedrentar a todo aquel personal que quedaba en las filas leales al Gobierno Popular y en cierta medida darle justificación a la sedición.

Consejo de Guerra en tiempo de Guerra por supuestos delitos cometidos en tiempo de paz, en donde no hubo un debido proceso, en donde los acusados no tuvieron una adecuada defensa, en donde los oficiales que componían el Consejo de Guerra eran juez y parte y además que a las personas prácticamente se les secuestra, se les tortura salvajemente, con el objeto de que firmaran falsas declaraciones, inculpándose de hechos no cometidos, sancionándolos a severas condenas como: penas de muerte, presidio perpetuo, etc.

Los militares democráticos, luego de las torturas, son enviados a las cárceles comunes para el cumplimiento de condenas, donde se reencuentran los hombres de armas que se enfrentaron al militarismo golpista.  En este espacio se produce una nueva elaboración del sentido de lo militar, entre aquellos que se encontraban marginados y vencidos; y a la vez hermanados por sus principios democráticos.  Lo cual queda reflejado en los testimonios del General Bachelet en cartas a su familia desde la Cárcel Pública de Santiago, lugar que fallece posteriormente de un síncope cardiaco por no tener la atención médica que él requería:

“De los relatos se destaca la década del 60 como un momento de cambios al interior de la institución. Esto generaba tensiones que provenían desde la oficialidad conservadora. Al inicio de los setenta, el gobierno popular implicará una amenazaa cárcel tiene el don de nivelar a todos los hombres. Ahí desaparecen hasta las inhibicioLas publicaciones del taller tienen como objetivo entregar elementos de análisis a los dirigentes  nes. En esta galería somos todos prisioneros de guerra, de una guerra que no hicimos y que no queríamos, pero aquí estamos…Estos suboficiales junto con cumplir fielmente con sus obligaciones como tales, se asomaron al balcón y vieron que había algo más allá de mi Teniente o mi Comandante. Pudieron apreciar que las estructuras de la nación y sus bases, no la componían unos pocos, sino que ellos formaban parte y tenían un grado de participación y responsabilidad junto a los de su clase… Pudieron, al asomarse a este balcón, entender fácilmente que el universo no era vertical, sino que existe una horizontalidad”.

 *imagen Fayerwayer.com