Bosquicultura Ancestral: desde China a la Selva Maya y al sur del mundo.

Este artículo introduce el concepto de bosquicultura -el “saber vivir” en interdependencia con el bosque- como una manera milenaria de habitar, desarrollada en distintos rincones del mundo, y ejemplificada a través de los casos de la tradición agroforestal china, la milpa Maya y el trabajo de un grupo de activistas de este movimiento en Chile.

Por Guiselle Llantén O.

Entre dos montañas serpentea un camino junto al cual hay una casa, bajo el dosel de un bosquecillo. Antes, en un comienzo, había agua y luego roca que emergió desde el fondo marino. Después, frío. Luego, una asociación entre hongo y alga o bacteria -liquen- y algunas plantas pioneras comenzaron a formar suelo a partir de la piedra madre. La vida y muerte de estas pioneras crearon un sustrato apropiado para el crecimiento de otras especies.

Hoy, un ruido de golpe en el techo de esa casa tiene dos posibles orígenes: mi gato, saltando a tomar el sol o, cuando el metal de las planchas de zinc vibra en agudo, se trata de una nuez que cae y se desliza hasta caer frente a mi puerta o de vuelta al suelo. Bajo los nogales están los pájaros, mi gato, un montón de polinizadores y bichos que aún no he visto, la vecindad, los perros que entran desde el frente, nuestras casas y las casas de los bichos, los pájaros. También hay herbáceas, arbustos, frutales que donan sus frutos en caso de que alguna descendencia logre, a lo largo de los siglos, trazar pasos a una locación más soleada. Bajo nuestros pies, nueces que se acurrucan en la extensa cama de hojas de los árboles casi ya desnudos al borde del invierno. Más abajo hay más bichos que todavía no conozco y organismos que viven de la muerte y la vuelven abundancia, los equipos que conectan las raíces y van al rescate de las plantas enfermas o desfavorecidas. Cuando un árbol se parte por el peso de una nieve inusualmente profusa y el sol vuelve a tocar la tierra luego de muchísimos años, despiertan cosas dormidas. Si miramos sin mirar nada en específico es el mismo suelo que comienza a levantarse verde, poco a poco, y crecen dedos, brazos, cuerpos completos que se acercan cada vez más a ese sol que volvió a acariciarlos.

Bajo la copa de estos cuerpos espiralados, damos agua y recibimos regalos. La atención cae de vuelta como nueces, ramas secas para el fuego, membrillos y manzanas para el dulce, la chicha y el vinagre. Bajo la copa de los árboles y en el cobijo de sus regalos, podemos detenernos y mirar, observar y entender.

En distintas partes del planeta, nuestrxs ancestrxs desarrollaron su cultura en torno a lo aprendido bajo las copas de los bosques. Es decir, sus modos de vida, costumbres y conocimientos surgieron de una relación dinámica en y con el bosque, entendiendo como “el bosque” no sólo un conjunto de árboles que ocupan un espacio determinado, sino que como un ecosistema en el cual también las personas están insertas. El concepto de “bosquicultura” comenzó a ser usado en Chile hace unos años y, aunque no existe una definición oficial, nos sirve para, justamente, describir esta “cultura del bosque”. Si bien el foco actual de esta noción apunta a regenerar nuestro vínculo con el bosque, perfectamente podemos utilizarla para hablar de la conexión ya existente- y el acervo cultural que la humanidad ha desprendido de ésta- desde hace miles de años.

Dos ejemplos de esta bosquicultura ancestral los encontramos en Asia con la rica tradición agroforestal1 china y en América con el jardín forestal Maya, siendo ambas tradiciones muestras milenarias de sistemas de manejo agroforestales y unidades autosustentables.

En China, la agricultura tuvo origen en el bosque y su desarrollo fue siempre en paralelo con la forestería2. Evidencia arqueológica de la Edad de Piedra, muestra que lxs ancestrxs chinos comenzaron a vivir en bosques donde se refugiaban y realizaban actividades de caza y recolección. Aquí comenzó una agricultura incipiente basada en la simple observación del desarrollo de las plantas al interior del bosque. En la Nueva Edad de Piedra, alrededor de 10.000 a 8.000 años antes del presente, el uso de fuego para aclarar zonas de bosque y dedicarlas al cultivo y la caza se volvió una práctica común, dando origen a la agricultura migratoria. Las zonas no quemadas quedaban destinadas a la recolección, la caza y domesticación de animales.

A lo largo de los siglos, con el aumento de la población y el establecimiento de la propiedad privada, las derivaciones de este uso combinado de suelo – con zonas cultivadas y parches de bosque- dieron lugar a los distintos modos de agroforestería tradicional china. Antiguos métodos son descritos en textos como el “Libro de los cantos”, una recopilación de poemas anónimos que datan desde el 800 a.C, siendo la sericultura3 el ejemplo más temprano y típico de agroforestería en China (Hsiung et al, 1995; 283).

En nuestro continente, la Selva Maya es un ejemplo cercano de un sistema de manejo múltiple que emerge de la relación directa entre lxs antiguxs y el bosque. Lxs autores de “El Jardín Forestal Maya”, describen la milpa como “el reflejo de la estrategia de sustentabilidad de la civilización maya.” (Nigh & Ford, 2019; 15).

 

La milpa es un elemento de manejo de la selva neotropical que implica una rotación cíclica de cultivos anuales con arbustos y árboles, en etapas proyectadas a corto y largo plazo, las cuales se corresponden con los estadios de la sucesión ecológica4. El ciclo milpero comienza con el aclareo, es decir, la quema a fuego controlado, de un parche de bosque donde posteriormente se cultiva el maíz y otras plantas anuales, más hierbas útiles, mientras crecen arbustos, frutales y maderas por un periodo de alrededor de cuatro años. Una vez que los arbustos y árboles crecen como para dar sombra a los cultivos anuales, la zona cultivaba pasa a ser reforestada como un bosque manejado (Nigh & Ford, 2019, 73). De acuerdo a Nigh y Ford “la integración del ciclo de la milpa a la ecología del bosque neotropical transformó la sucesión de plantas y convirtió a la selva Maya en un jardín donde más del 90 por ciento de las especies de árboles dominantes ofrecen beneficios a los humanos” (2019; 49). Dicho proceso de transformación tiene origen, al igual que el surgimiento de la agroforestería china, alrededor de 10.000 a 8.000 años atrás, en este caso, con la llegada de los primeros pobladores a la zona.

El legado de estas tradiciones milenarias es el del “saber vivir” en interdependencia con el bosque. Una manera de habitar permeada por la influencia mutua, donde la noción de hogar se extiende más allá del techo de la casa hasta las copas de los árboles, y aún más lejos. Las estrategias aquí descritas han sido transmitidas por generaciones y también son la base e inspiración para el desarrollo de sistemas sustentables y regenerativos en nuestros contextos actuales.

Parte de la herencia del bosque antiguo en Chile y lxs ancestrxs de nuestro territorio ha sido retratada en el documental “Una abundancia siempreverde”- una co-producción entre Huelemu e Indómita Producciones estrenada en el Simposio Internacional de Bosques Comestibles en Inglaterra en junio de 2021- a través de un recorrido que busca poner a libre disposición herramientas para la regeneración de los territorios y reconectar con la rica bosquicultura que ha caracterizado el paisaje ecológico de esta tierra al sur del mundo.

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Bibliografía:

– Hsiung (Xiong), W., Yang, S. & Tao, Q. (1995) Historical development of agroforestry in China. Agroforest Syst 30, 277–287. Disponible en: https://doi.org/10.1007/BF00708926

– Nigh, R., Ford, A.(2019) El Jardín Forestal Maya: ocho milenios de cultivo sostenible de los bosques tropicales. México: Fray Bartolomé de las Casas.

1 La agroforestería es un sistema productivo que incluye árboles y cultivos anuales. También puede incorporar ganadería, piscicultura, apicultura y otras actividades productivas en interacción.

2 Como describo en el artículo “Historical development of agroforestry in China”. Ver bibliografía.

3 Cría de gusano de seda para producción textil.

4 Corresponde a la sucesión natural de ciertos tipos de vida en un ecosistema, por otros, como producto de su dinámica interna.