Carta abierta a Teresa Marinovic

Hablar en mapudungún en esta instancia, no es un show; es un acto de un profundo simbolismo y significado histórico, social y político; los escaños reservados son justamente para eso, para que los pueblos originarios tengan una voz en la convención; que sus representantes nos hablen en sus propias lenguas es un gesto cultural potente, que, de paso, nos ayuda a comprender mejor y más profundamente nuestra diversidad cultural; es de hecho, una oportunidad de aprendizaje y de conocimiento respecto de otra lengua, pero también de otra cosmovisión.

 

Por Cristóbal González Lorca

“La inmortalidad de un pueblo reside en su lengua. El idioma de cada pueblo es un valor humano general. Cada lengua representa una creación del genio humano”, son las poderosas sentencias que se leen en el texto “Cada lengua es un mundo”, publicado en la página de la Unesco.

Estas ideas expresan con claridad cuál es el valor de los idiomas y las lenguas en sí. Las palabras son signos lingüísticos, y éstos, como bien definió el semiólogo Ferdinand de Saussure, son arbitrarios. Cada comunidad vive su propio proceso de entender el mundo y la vida en forma autónoma, y define así, de manera arbitraria e independiente, cómo llamar o nombrar a las cosas; se trata de pactos sociales espontáneos que surgen por la necesidad propia de cada pueblo de comprender, decodificar el mundo y comunicarse. Así surgen los idiomas y lenguas, y éstas reflejan, en sus matices, diferencias y sutilezas, la forma en la que esa comunidad comprende la vida y el mundo.

Por la misma razón, los traductores, más que traducir, realmente interpretan; existen muchas palabras o conceptos que a veces no existen en tal o cual idioma o lengua, y para “traducirlos” de una a otra, hay que buscar conceptos que se aproximen.  Los idiomas y las lenguas son algo complejo, profundo, y muy interesante; los idiomas son una parte sustancial de la cultura de cada comunidad, la lengua es quizás el elemento primario para poder comprender bien a cualquier pueblo.

“Constituyente Linconao hablando en mapudungún… sabe hablar en castellano pero no importa: no pierde la oportunidad de hacer show”. “Me llaman “racista” y “clasista” por criticar a Linconao. Lo cierto es que la critico por prepotente, no por mapuche”, son los destemplados dichos de la constituyente Teresa Marinovic en Twitter. Creo que es muy relevante analizar estas ideas.

Efectivamente, como dice Teresa Marinovic, la Machi Linconao habla castellano. Como gran parte de los mapuche de hoy (y de todxs nosotrxs en Chile), vivimos y sufrimos el proceso de conquista, reconquista y chilenización, se nos impusieron credos y lenguajes a la fuerza, de modo tal que hoy es casi imposible que alguien en nuestro territorio no hable la llamada lengua de Miguel de Cervantes.

Lo de la Machi, entonces, está lejos de ser un show.  No es que simule no saber castellano; claro que lo habla, es obvio, pero al comunicarse en su propia lengua lo que ella está haciendo es enviarle un mensaje social y político profundo a la gente, sobre su bi o multi culturalidad, sobre nuestro mestizaje;  le están diciendo al país, a la comunidad internacional, al mundo entero algo así: “Existimos. Y existimos hace mucho y tenemos una historia, un rostro, un lenguaje; nuestras expresiones culturales fueron censuradas, perseguidas y negadas, pero pese a todo, sobrevivieron, y ahora, acá estamos, presentes, hablando por los nuestros; con nuestra historia, lengua e identidad particular, aunque Teresa Marinovic  no lo entienda o incluso le duela”. Ése, interpreto, es el mensaje.

Entonces, hablar en mapudungún en esta instancia, no es un show; es un acto de un profundo simbolismo y significado histórico, social y político; los escaños reservados son justamente para eso, para que los pueblos originarios tengan una voz en la convención; que sus representantes nos hablen en sus propias lenguas es un gesto cultural potente, que, de paso, nos ayuda a comprender mejor y más profundamente nuestra diversidad cultural; es de hecho, una oportunidad de aprendizaje y de conocimiento respecto de otra lengua, pero también de otra cosmovisión.

La colonia española impuso el catolicismo y el español en nuestro continente, a la fuerza, violentando la cultura de nuestros pueblos pre-existentes. La dictadura de Francisco Franco en España tenía esa misma idea, unificar a su país a través de la cultura militar, del catolicismo y el idioma español, y fue así como en aquellos años, el idioma vasco o euskera fue prohibido por el régimen franquista.

Los miembros del grupo punk-ska Kortatu no pudieron aprender su idioma de niños por la misma razón; por eso al comienzo cantaban en español. Las letras en vasco de temas como “Sarri, Sarri”, se las traducían otras personas a los hermanos Muguruza, ellos solo repetían fonéticamente tales traducciones. Cuando armaron Negu Gorriak, decidieron aprender para cantar todo el nuevo repertorio en Euskera. Aprender de adulto un idioma que es tuyo, pero que una dictadura fundamentalista te lo arrebató, es un gesto sumamente potente, de vínculo y compromiso con tu historia, y con lo mas valioso de ésta: el idioma, la lengua. “Con el grupo pasé cuatro años intensos. A veces nos cogíamos un mes de vacaciones y cuatro para aprender euskera. Mis padres son euskaldunes, pero a nosotros nadie nos enseñó el idioma. Hemos tenido que aprender por nuestra cuenta”, decía Fermín Muguruza.

No, Teresa, lo de la Machi no es un show: es una reivindicación cultural. Tampoco es racismo, el racismo solo existe desde el poder, desde la raza privilegiada hacia aquella otra perjudicada por procesos como la esclavitud y la colonia. La presidenta y la Machi, no están haciendo ningún show, ni tampoco son prepotentes o racistas; ambas simplemente están defendiendo su derecho básico de ser, de expresarse y de reivindicar su historia y cultura, luego de siglos de opresión y desprecio, no es tan complejo de entender.

Tu eres filósofa y la filosofía estudia, entre muchas cosas, el lenguaje, por lo tanto, tú puedes comprender perfectamente todos estos planteamientos, comprender de qué estamos hablando.

También puedes no compartirlos, puedes considerar que estas reivindicaciones no se justifican ni tienen mayor valor, porque representan o defienden a una cultura o ideario que tu desprecias, o del que nada quieres saber; porque el fundamentalismo es así, rechaza y niega las identidades ajenas a la propia; puedes persistir con esa lógica, de rechazo y de desprecio hacia un gesto cultural originario y simbólico, puedes hacerlo, pero sin dobleces, porque aunque el racismo se vista de seda, racismo se queda.

Referencias:

Ilustración : Felipe Elgueta