Conciencia desechable: ¿Quién cuida la tierra?

“Todo lo que dejo entrar en mi vida, debiera resolver cómo sale”. Pocas veces pensamos en ello cuando “adquirimos” cosas. ¿Qué haces con tus mascarillas? ¿Dónde las tiras? ¿Son reutilizadas? La gran contaminación de insumos médicos ha sido uno de los grandes costo de esta pandemia; test, envases…todo el “kit-covid” es absolutamente “cero ecofriendly”. ¿Quién cuida la tierra?

 

Por Susana Quiroz

“Somos una especie en peligro de extinguirlo todo” (Escrito en un muro por ahí)

A diario somos partícipes de un acto cotidiano e invisible, que nos afecta profundamente, pero que casi no “vemos”. Creo que la siguiente frase resume muy bien la responsabilidad que podríamos tener con el medio ambiente: “Todo lo que dejo entrar en mi vida, debiera resolver cómo sale”. Pocas veces pensamos en ello cuando “adquirimos” cosas. Incluso podemos reflexionar sobre cómo “dejo salir de mi vida” ciertas relaciones, traumas, trabajos, malestares, etc… que entraron en ella. Es una frase que escuché de un amigo biólogo y especialista en derecho ambiental.

¿Qué dejas entrar en tu vida? Quizás no es tan difícil hacer la lista. Pero preguntarse ¿cómo deshacerse de aquello?, ¿alguien se lo plantea?. ¿Piensas en eso cuando compras? ¿En cómo “saldrán” de tu vida todos aquellos envases, envoltorios y productos que dejas entrar en ella? La bolsa de plástico en la que viene el arroz, un cepillo de dientes gastado, una cáscara de fruta, esa tirita de medicamentos que ya cumplió su función, el teléfono que se echa a perder, un calcetín roto, el plástico que envuelve la caja del té, un envase de yogurt… ¿Cómo salen de nuestras vidas?

La solución más rápida y fácil está debajo del lavaplatos, en aquella bolsa que acumula residuos de distinto tipo que no queremos ver. Es tan natural tirarlo y que se mezcle todo en la “basura”, que ni siquiera pensamos a dónde va, ni quién la recoge, a veces tampoco sabemos que pagamos por un “derecho de aseo”. Creemos que no cuesta nada. Botar basura en Chile es barato. Invisible… somos inmunes a ello.

Voy a resucitar una investigación que hice para un artículo de Explora sobre residuos, hace cinco años. Hice “la media pega” y por cambio de editor, ahí se quedó, como un residuo más. Había entrevistado a Rodolfo Poblete, Gerente de Operaciones de la empresa Tri-Ciclos, me contó que en las capacitaciones que realizan sobre reciclaje, preguntan a los participantes si conocen su gasto mensual en servicios básicos, telefonía o internet. Al preguntarles por su gasto mensual en basura, nadie supo qué responder. En Chile, el valor por llevar residuos a un relleno sanitario se estima en 30 mil pesos por año, uno de los más bajos en Latinoamérica. Al contrario de países como Suiza, donde cada bolsa de basura está valorizada en 1 euro. Si en Chile tuviéramos que pagar $800 pesos por deshacernos de cada bolsa de basura, seguro que le pondríamos atención.

¿Entonces qué hacer, reciclamos? En realidad ésta es la última opción. Dentro de las famosas “3R”, lo primero es “Reducir”, lo que tiene estrecha relación con repensar nuestros hábitos de consumo. Revisar los envases antes de comprarlos, y de caer por ejemplo en la trampa del símbolo de reciclaje Nº7 que indica engañosamente: “Otros”. ¿Cómo vas a reciclar un plástico inclasificable si suele contener varios materiales? ¿Quién los recibe? ¿Se puede verdaderamente reciclar? ¿Qué hago con este envase?. Quizás es mejor pensar en comprar otro producto, o mejor sin envase. Si quieres saber qué significa cada número de reciclaje marcado en los envases, recomiendo leer este artículo.

La segunda “R” tiene que ver con “Reutilizar”, si compraste ese producto que tiene el número 7, ¿puedes darle algún otro uso a ese envase, precisamente para no tirarlo “a la basura”? ¿Cómo hago “que salga de mi vida”? Pues si lo compré, es mi responsabilidad ¿no?. Pero…quizás como todo el mundo tira los residuos a la basura, pues lo hago también. Se normaliza la situación.

Al final de las R, recién viene el Reciclaje, aunque hoy se ha vuelto un negocio. Investigando para estructurar un programa de TV sustentable, en enero asistí al evento “Lanzamiento Roadmap: Pacto de los plásticos” del programa #circulaelplastico en Fundación Chile (https://circulaelplastico.cl/). Un pacto o plan en donde, si bien se busca tomar conciencia sobre la contaminación que causa este material, el gobierno y la industria te dicen que “no todo el plástico es malo”. Entre los stand patrocinadores había empresas reconocidas para quienes el reciclaje de plástico se ha vuelto una oportunidad de negocio, y entonces ya no conviene tanto “deshacerse” de él.

Entonces sí, es genial que se empiece a pensar en una economía circular, aunque aquello comienza por cambiar nuestra educación y cultura como ciudadanxs ante este acto tan cotidiano y natural que es “botar basura”. Para que esta economía circular funcione, las personas debemos limpiar los envases, secarlos, ordenarlos y encargarnos de llevarlos a algún centro de reciclaje o punto limpio. Ver si la comuna donde vivimos tiene algún plan de reciclaje, o buscar alguna empresa que pueda pasar a retirarlos. Al final, el sistema depende de cada unx de nosotrxs.

En relación a los residuos orgánicos, podemos separar los restos de verduras o frutas, hacer composteras o, si se puede, enterrarlos en un lugar en el patio de la casa. No tirar el aceite usado al lavaplatos porque un solo litro contamina mil litros de agua, dificultando su tratamiento. Se guarda en una botella y también puede reciclarse. Bueno, hablar de cómo deshacernos de diversos residuos da para otro artículo.

Regresando a los conceptos, “basura” es el nombre que damos a todo residuo desechado y otros desperdicios. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) define como residuo: “Aquellas materias generadas en las actividades de producción y consumo, que no han alcanzado un valor económico en el contexto en el que son producidas”. Nicolás Labra, Ingeniero Civil Industrial, coordinador del área de Estudios de la Oficina de Sustentabilidad de la Universidad Católica de Chile, al entrevistarlo para mi artículo perdido, me dijo que definir algo como “basura”, implica que el objeto ya no sirve a sus usuarios, pero si se habla de “residuos”, sí existe en éstos una posibilidad de aprovechamiento. Desde ese momento, me convertí en evangelizadora de la palabra “residuo”. Además, suena mejor.

Un reporte del año 2016 del Ministerio de Medio Ambiente señaló que en Chile se generaron 21.2 millones de toneladas de residuos, sólo el 24% de ellos (no peligrosos) fue revalorizado. Un estudio de la Agencia GFK Adimark, reveló que cada chilenx produce más de 1 kilo de basura al día, siendo que el 90% de esos residuos podrían destinarse a fines sustentables. Solo un 17% de la población recicla, y entre quienes no lo hacen, un 40% dice no saber cómo. Un 17% reconoce que no le interesa o le parece complejo. Quizás en principio lo es, después se vuelve parte de la cultura, de la rutina, y algo que se va incorporando en lxs demás.

Creo que la primera vez que tomé conciencia de la eliminación de residuos, fue cuando visité el Templo Shobogenji, como practicante de budismo zen, en Capilla del Monte, Córdoba-Argentina en el 2003. Se indicaba que sólo debías llevar jabón de glicerina para la ducha, o “jabón blanco” para lavar ropa a mano. Tampoco llevar shampoo u otros productos para el pelo que no fueran biodegradables. Había basureros dispuestos para “residuos” orgánicos, principalmente de la cocina, que se llevaban a una compostera y otros tachos de residuos inorgánicos que alguien en camioneta tenía que “bajar al pueblo” que está a unos 7 km. Lo mismo con el reciclaje; vidrio y cartón principalmente. El cartón también se aprovecha para prender los fuegos (los “calefont” son a leña, les llaman “quematuti”). Por supuesto en la zona para acampar, se debe cuidar la naturaleza sin dejar huellas. No dejar rastros, fue una enseñanza que aprendí en los campos de verano. “No dejar huellas”, también se aplica para otras áreas de nuestra vida.

Más tarde, grabando un documental, fui a la peregrinación de La Virgen de las Peñas de Arica, en el 2010. Me dio una impresión enorme ver la cantidad de residuos que “mostraban la hilacha” frente al imponente paisaje. ¿Por qué  no se le da importancia? ¿Por qué  nadie se lleva lo que usa, lo que llevó?

Existe la idea de que cuando algo es público, a saber, de todxs, se genera la paradoja de que nadie se preocupa por su cuidado, precisamente “porque es de todxs”. Ésta es otra afirmación que leí de un profesor en el curso de Cambio Climático dado por la UAbierta de la Universidad de Chile. Así es, no suele cuidarse la tierra ni lo público. ¿Qué queda entonces? La propia responsabilidad. Más que en un sentido lapidario del deber, en un sentido de amor por cuidar lo que es de todxs. En pleno rodaje de “Pacto de Fuga” me encontré  lamentándome porque nadie hacía nada frente a la cantidad de plásticos o envases que se tiraban a la basura en el catering*. Pues bueno, me auto-respondí, si crees que “alguien tiene que hacer algo”, pues hazlo. Así que más allá de pensar si sería un gran impacto o no, hice un cartel, pegué una bolsa de basura en la muralla y pedí que sólo se dejaran residuos secos. A veces no resultó porque algunxs tiraban las bolsitas de té, etc… el “botar” algo está tan incorporado, que muchas veces lo hacemos en cualquier parte. Debiera ser parte de una política pública, de la educación en los colegios, incorporar el hábito en nuestras familias y hogares, porque tan desconectados estamos de la naturaleza en esta vida citadina, que nos olvidamos que ella es nuestro verdadero hogar. Al final, un par de colegas se sumaron a la ayuda.

Así que a veces, cuando puedo, incluso me llevo los residuos de la fiesta o caminando recojo lo que está tirado. Recientemente he encontrado muchos grupos en Facebook sobre reutilización y reciclaje, hay personas que hacen cosas maravillosas reutilizando residuos y dan muchas ideas. Por otra parte a veces causa impotencia quedarse en acciones individuales, grandes cambios se logran a través de la acción colectiva y unirse a otrxs. Podemos buscar grupos o cuentas sobre protección al medio ambiente o sustentabilidad en redes sociales de nuestra preferencia, ya sea para poner en práctica hábitos, como para sumarte a acciones colectivas que poco a poco puedan generar un impacto cultural. Una toma de decisión frente a nuestro modo de vida “individualista”, porque no estamos separados de lxs demás, de hecho una sociedad, la construimos en conjunto y solo en cooperativismo es que podemos crecer. No en competencia, como nos han enseñado.

¿Qué haces con tus mascarillas? ¿Dónde las tiras? ¿Son reutilizadas? La gran contaminación de insumos médicos ha sido uno de los grandes costos de esta pandemia, test, envases…mascarillas, todo el “kit-covid” es absolutamente “cero ecofriendly”. Otro punto a observar y al que podemos poner atención para colaborar.

En la acción propia, a diario, quizás en plena pandemia “recoger” residuos se hace más difícil, pero si está dentro de nuestras posibilidades, hago la invitación, en general, a poner conciencia en qué “dejamos entrar” y cómo “dejamos salir” las “cosas” de nuestras vidas. Podemos partir por los residuos externos (tema de este artículo)… y luego si profundizamos más en la frase inicial, seguir con nuestros “residuos internos”. 

…les dejamos una canción.