Kast: El diablo vendiendo cruces.

¿Por qué José Antonio Kast logra avanzar electoralmente en un Chile post estallido social, si desprecia a los movimientos y a las luchas sociales, y es alguien para el que las palabras Derechos Humanos, diversidad, disidencias, pueblos originarios, libertades individuales, cultura, son claramente algo ajeno, que no entiende, respeta ni valora? ¿Qué explica este fenómeno? Este texto busca explorar en las condiciones y formas en que este fenómeno se desenvuelve a pesar de la evidente contradicción valórica en un Chile convulsionado.

 

Por Cristóbal González Lorca

Parece una locura, algo esquizofrénico e impensado que una figura como José Kast suba en las encuestas y tenga toda la figuración que hemos visto. Resulta difícil de entender, considerando que venimos de una revuelta social contra los privilegios y contra el modelo de sociedad que justamente Kast representa. Revuelta que, además, el gobierno de Piñera (que nace y representa, en la práctica, al mismo sector económico, social y electoral desde donde nació Kast), decidió encarar desplegando una represión brutal e inusitada, que dejó como triste y sangriento saldo una veintena de asesinados, dos personas que perdieron su visión, otra en estado vegetal y más de 400 mutilaciones oculares. ¡Se suponía que no queríamos más de eso! Entonces claramente resulta extraño este “fenómeno”, este auge en los medios y en las encuestas del candidato Kast, un político más conservador e indolente que el propio Piñera.

La Revuelta y el Apruebo, con sus virtudes y defectos, nacieron y triunfaron para oponerse a la Constitución del 80, a la cultura pinochetista, a la desigualdad, a los privilegios y a la represión policial; nacieron para proponer un nuevo Chile, con respeto por la memoria histórica, por los derechos humanos, por las mujeres y disidencias, un país fraterno y solidario, más justo y humano. ¡Kast, representa todo lo opuesto!

José Kast es, ante todo, un adherente de la dictadura. “El 11 de septiembre de 1973 Chile escogió la libertad y el país que tenemos hoy es gracias a los hombres y mujeres que se alzaron para impedir la revolución marxista en nuestra tierra”, escribió Kast en Twitter el 2018, aplaudiendo el sangriento Golpe de Estado del 73, golpe que a su vez dejó una horroroso saldo y marca en el país, con centenares de ejecutadxs políticxs, detenidxs desaparecidxs, torturadxs y exiliadxs y la instalación de un sistema que privatizó casi todo. Tiempo después el mismo Kast dijo en T13 que Pinochet, “si estuviera vivo, votaría por mí”, subrayando así, su proximidad e identificación con el dictador.

“He ido dos veces a (la cárcel para torturadores de) Punta Peuco y en una de esas idas tuve la oportunidad de cruzarme con Krasnoff. Me regaló su libro y plantea su versión de los hechos. Conozco a Miguel Krassnoff y viéndolo no creo todas las cosas que se dicen de él”, señaló Kast también a T13, como si los veredictos y sentencias por violaciones a los Derechos Humanos contra Krasnoff (que suman cerca de 700 años de presidio por delitos de torturas, secuestro y homicidio) fuesen rumores dichos en un programa de farándula, cosas que “se dicen”.

Ése es Kast. Un pinochetista que solidariza con las figuras más deleznables de la dictadura, un político respalda 100% a la actual policía y que niega los hechos, informes y la cultura de violencia que existe en su interior, herencia dictatorial. Un defensor de la policía. “Vamos a reestablecer el respeto a Carabineros, a la Policía de Investigaciones y a Gendarmería, porque ellos han sido siempre catalogados como lo que no son. Carabineros es una gran institución que no viola los derechos humanos”, dijo Kast en un reciente debate, negando informes como el de la ONU, organismo internacional del que, dicho sea de paso, propuso en un momento que quería retirar a Chile, formulación de la que luego tuvo que recular: “Las Naciones Unidas están integradas por países que no creen en la democracia, como Nicaragua, Venezuela, Corea del Norte, que ( esos países) existan en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas nos hacen rechazar esa organización y decir que nos queremos retirar” fueron sus primeros dichos, que posteriormente matizó: “Me traspapelé en el concepto. No es salirse de la ONU sino representarle a la ONU todos aquellos hechos donde como organización no están velando para lo cual fueron creados”, fueron sus dichos posteriores.

En todo caso, esta distancia suya con la ONU es muy lógica y entendible, ya que la ONU fue bastante clara y crítica ante la represión policial desplegada desde octubre del 2019 en Chile, señalando que “se han producido un elevado número de violaciones graves a los Derechos Humanos ( )…el uso indebido de armas ( ) y los malos tratos, son reiterados en el tiempo”. Ha habido un “uso excesivo o innecesario de la fuerza, que resultaron en la privación arbitraria de la vida y en lesiones, tortura y malos tratos, la violencia sexual y las detenciones arbitrarias. Hubo una omisión por parte de los responsables al no adoptarse medidas eficaces, expeditas y oportunas para minimizar el riesgo para las personas”, remató el lapidario informe. Difícil es entonces que estos resultados signifiquen algo para un político que defiende a carabineros, un candidato al que, si le preguntan por la represión policial, habla de cuan violentos fueron los que quemaron negocios o “agredieron a carabineros”, etc. Para Kast no hay más violencia que ésa y por lo mismo siempre traslada el tema hacia allá, enfrentando estos emplazamientos con la misma y clásica formulación: “¿Acaso los carabineros no tienen derechos humanos?” Confundiendo a la gente entre lo que -legalmente- es el maltrato de obra a carabineros con las violaciones a los derechos humanos, que para considerarse tales, deben ser ejecutadas desde un aparato estatal.

Ése es Kast. Un pinochetista, un defensor de carabineros y su actuar asesino, un católico fundamentalista, además, que niega las identidades que no entiende y que no acepta, alguien que rechaza a la comunidad LGBT+.  Frente al triunfo de la cinta “Una mujer fantástica” en los premios Oscar, protagonizada por la actriz trans chilena Daniela Vega, sus palabras en La Tercera fueron: “Daniela Vega es hombre. Afirmar que un hombre es hombre, aunque sienta la profunda convicción de que es mujer, no debe ser objeto de reproche”, escribió, un mensaje intolerante, carente de empatía y que evidencia su transfobia, ignorancia y atraso cultural.

El 2018 Kast fue consultado en un panel por Patricio Fernández (ex-director de The Clinic y actual Convencional Constituyente) sobre si “¿es pecado que dos hombres tengan sexo?, a lo que respondió; “yo no lo haría. Dentro de mi fe, yo no lo haría. Si yo fuera homosexual, sería casto”, afirmó, con un nivel de fanatismo religioso alarmante. De esos que llevan a las personas a negarse a sí mismas.

Y agregó Kast lo siguiente: “Si yo tuviera un hijo homosexual, es libre. Yo soy el papá, lo crié. Viva la libertad. Pero no me pidas que vaya de padrino de negro o de azul al matrimonio de él”, remató.

Como si todo eso fuera poco, Kast es además un evidente xenófobo carente de toda empatía, conocimiento y preparación para enfrentar de forma sensata y solidaria una crisis humanitaria. Frente a la problemática derivada del importante flujo migratorio que se ha generado en el norte de Chile, recientemente propuso que hay “hacer una zanja en Colchane” y que hay que “señalarle a la gente que quiere entrar a Chile, que hay un límite”.

Creo que con su propia trayectoria y dichos recientes basta y sobra para saber quién es él. Un Trump, un Bolsonaro, un político de extrema derecha. Alguien que básicamente, representa todo aquello en contra de lo que hemos luchado.

¿Por qué entonces logra avanzar electoralmente alguien así, que lo único que hace es despreciar a los movimientos y a las luchas sociales, alguien para el que las palabras Derechos Humanos, diversidad, disidencias, pueblos originarios, libertades individuales, cultura, son claramente algo ajeno, que no entiende, respeta ni valora?

Porque como buen político (y derechista) y hombre ligado al mundo privado, Kast es populista, sabe bien que “a río revuelto, ganancia de pescadores”, y aprovecha este momento de caos, malestar generalizado y confusión, muy hábilmente, en beneficio propio.

Se aprovecha, Kast, del descrédito y de la caída del candidato de la derecha empresarial, Sebastián Sichel, caída frente a la que los partidos y los medios cercanos ese sector y el votante promedio derechista comienzan a ver su candidatura ya no sólo como algo testimonial, sino como la última opción electoral real que les queda.

Los medios y las empresas encuestadoras ligadas a ese sector, levantan así su figura como una alternativa válida para el país, como la persona que pondrá orden entre tanto caos y “pérdida del rumbo”.

Kast comprende esta coyuntura, estos quince minutos de fama que está viviendo, en la que el viento y el universo parecieran haberse alineado a su favor y se aprovecha de ello.

La izquierda, por su lado, tiene sus problemas; su eterna fragmentación, por otro lado la Convención Constituyente también, contingencias a las que Kast también sabe sacarle provecho con sentido de la tradición, porque ésa, en realidad, ha sido la técnica de la extrema derecha y del fascismo a nivel mundial; José María Aznar, Trump, Bolsonaro, todos ellos surgieron en sociedades marcadas por conflictos y tensiones sociales, cesantía, malestar, dificultades asociadas a la migración, etc, todos ellos supieron capitalizar esas problemáticas con un discurso emocional, de alta permeabilidad y muy efectivo electoralmente: el del caudillo que restaurará el viejo orden perdido.

Ese discurso tiene más arraigo del que uno cree en Chile, viene de antes. La endofobia y el síndrome de Estocolmo son muy fuertes en nuestro país, admiramos a nuestros verdugos. Es muy fuerte. Es cosa de revisar los cuentos de Míster Jara, del autor Gonzalo Drago, historias ambientadas en la minería del siglo pasado y publicadas hace más de 50 años, en donde su protagonista, Míster Jara, un obrero de un mineral de Machalí, profesa una absurda e irracional admiración por los dueños gringos y rubios de la fábrica, y piensa que hablando inglés, éstos lo asimilarán como un igual. Tenemos historia de eso, de arribismo, de soñar y creer que quienes nos desprecian, nos asimilarán como uno de ellos, si nos cuadramos con sus postulados.

17 años de dictadura y anticomunismo, más decenas de grandes medios ligados al poder económico hacen lo suyo, y por lo mismo actualmente hay mucha gente, mayor y no tan mayor, que aún cree en esas abstractas, lejanas y añejas ideas de patria, orden, dios y familia; el fascismo, a nivel mundial, en contextos de crisis apela con habilidad a estas ideas, las reflota y es así como logra avanzar y crecer mediática y electoralmente.

La derecha empresarial, la misma que maneja los medios de comunicación en Chile, es a su vez muy hábil. Apostó primero por un candidato “independiente”, de “centro” y “moderado” como Sichel, entendiendo que el escenario no era propicio en ese instante para otro tipo de apuestas, pero ante la caída del ex ministro de Piñera, no les quedó otra que jugarse todas sus cartas por este otro y peculiar candidato, orquestando su proyecto.

Hace poco se publicó la encuesta “Agricultura Track”, ligada a esa radio derechista, con el siguiente titular: “Este martes fueron publicados los resultados de la encuesta Agricultura Track, estudio diseñado específicamente para reflejar la opinión de nuestra audiencia de cara a las próximas elecciones presidenciales. 82% considera a Kast como el candidato más preparado para ser el próximo presidente de Chile”. Considerando el perfil de la radio este porcentaje no es del todo imposible, aún así es un exceso, es algo muy poco creíble, y por lo mismo, realizar y publicar una encuesta y resultado de estas característica es una vergüenza. Todas las campañas intentan de una u otra forma instalar la “sensación de triunfo” que suma votos indecisos, pero esto ya es algo absurdo, 82% es algo irreal, una orquestación, una propaganda, realmente impúdica. Pero efectiva. Es la que genera justamente esta contradicción.

A dos años de la revuelta contra los privilegios, un orgulloso privilegiado, que saluda a Pinochet, que habla con torturadores, que defiende a carabineros, que niega la diversidad sexual y cultural, ¡nos viene a ofrecer la salvación!, nos viene “a sacar del “caos” en el que estamos” (con la ayuda de Dios, claro, aún cuando su propio hermano haya sido una víctima del cura Karadima y de una iglesia, que en el mundo moderno, comienza a minimizarse, si es que no, a extinguirse).

Tenemos frente a nosotros al diablo vendiendo cruces. ¿Qué hacemos? Posiblemente Kast no gane, pero crecerá políticamente, y eso es muy peligroso a futuro, por todo lo que él representa. Su agenda sin duda es a largo plazo. Por eso, insisto, ¿qué hacemos, nos reímos de él, lo ignoramos, o mejor lo denunciamos y exponemos, para detenerlo públicamente, como el peligroso fenómeno proto fascista y masivo en que de a poco, se está convirtiendo?

En su primer discurso público, Hitler calificó al Estado, a los judíos y a los marxistas de ser “el enemigo”. Esta acción suya reflejó el “principio de simplificación y del enemigo único” de su asesor comunicacional Goebbels. Piñera también lo usó el 2019 y Kast sigue prácticamente la misma línea y peor. Persiste en asociar movilización con delincuencia, migración con violencia, infundir miedo e instalar la necesidad urgente de mano dura como la gran solución.

“A Hitiler había que pararlo en Munich” decía el personaje Peter Clemenza en la película El Padrino de Mario Puzo, como me recordó hoy un amigo. Pero no lo hicieron, dejaron crecer y avanzar a Adolfo y fue así como luego ascendió el Fürer y hacia allá va también Kast. 

La ONU se creó después de la Segunda Guerra Mundial con el compromiso y el objetivo que todos sus países miembros hicieran esfuerzos para evitar que se dieran nuevamente episodios tan dramáticos como el desatado por la Alemania Nazi. Por eso que alguien diga, aunque sea por “error” que se quiere retirar de la ONU, dice mucho. Más que un traspapeleo, es un acto fallido, que habla mucho de la visión de quien dice eso, sobre el pasado, las tragedias históricas, los derechos humanos.

La Historia debe servirnos para evitar que las sociedades cometan los mismos errores del pasado y por lo mismo la necesidad de ponerle un atajo a este tipo de liderazgos, discursos y lenguaje violentos, que desprecian los DDHH, es tan urgente. Después es tarde.