La diversidad de miradas mapuche hacia la Convención Constitucional.

La Convención Constitucional concretó el cierre de su primera etapa con las maratónicas jornadas de votación de su reglamento, lo que permitirá dar paso a los temas de fondo sobre los derechos que demanda la ciudadanía. Ante este contexto hace bien dar una mirada a cómo se está observando y cuál es la valoración que le dan desde Wallmapu y su diversidad, a este histórico proceso en Chile.

 

Por Manuel Lonkopan

Desde que se inició el proceso constitucional, en Wallmapu se ha observado desde múltiples ópticas y han derivado en posiciones variadas, aunque todxs reconocen que esta puerta que abrió paso a una nueva Constitución para Chile fue literalmente derribada a patadas por las movilizaciones sociales que se iniciaron el 18 de octubre del año 2019 que desafiaron el modelo neoliberal que ha estrangulado a la clase trabajadora por más de 40 años.

Bajo este escenario, las distintas visiones del pueblo mapuche se han manifestado públicamente, dando cuenta que se conserva una rica diversidad en su interior que ha sido su fortaleza histórica, aunque también muchas veces se ha convertido en un problema reconocido por todos los sectores; el dicho “hay mapuche para todos los gustos”, se usa generalmente para decirlo con humor.

El 4 de julio, cuando se instaló la Convención Constitucional, la académica mapuche Elisa Loncon fue electa como su presidenta, marcando un hito histórico para los invisibilizados pueblos originarios en este país, quizás como una forma de darle mayor legitimidad a este proceso y marcando un nuevo paradigma en la forma de hacer política luego de la gran explosión social de octubre.

En este sentido, lxs constituyentes de los 17 escaños reservados que representan a los 9 pueblos originarios reconocidos por Chile, se tornaron figuras centrales en la Convención Constitucional, reconocimiento que se evalúa en términos positivos, pero que también ha sufrido una fuerte campaña de racismo y deslegitimación de parte de la derecha más extrema, intentando minimizar las voces indígenas de la convención.

Pero como los pueblos no son uniformes ni representan una única mirada, también hay diversidad de planteamientos dentro de los escaños reservados, como también desde los propios pueblos; es así como hace un par de semanas atrás desde algunos constituyentes mapuche se alertaba por una particular alianza entre los representantes de los pueblos originarios del norte junto a la derecha más extrema representada en la convención, con el objetivo de reducir la representación mapuche en importantes espacios donde se definirán los derechos de los pueblos originarios.

En ese marco también hay que observar las posiciones de los propios sectores mapuche. Lo que ocurrió a principios del mes de septiembre del 2021 es una muestra de ello, cuando un grupo de comunidades mapuche en resistencia de Ercilla y Collipulli, históricamente estigmatizadas y blanco constante de la represión más brutal del Estado por los procesos de recuperación territorial, emprendieron rumbo hacia la sede del ex Congreso Nacional. La caravana fue liderada por el lonko Víctor Queipul de Temucuicui y fue secundado por varios werkenes y miembros de varias comunidades, que visitaron el lugar para manifestar su desacuerdo con la participación de 7 representantes mapuche en la convención, porque su participación representaría, según señalaron, someterse a un “mecanismo de subordinación”, llamando la atención que exigieran ser recibidxs por el vicepresidente Jaime Bassa y no por la presidenta Elisa Loncon o por los propios constituyentes mapuche.

La Coordinadora Arauco Malleco (CAM) también se había manifestado contraria a este proceso durante la instalación de la convención, aunque con mejor tino político. En esa oportunidad señalaron que “la elección de esta vía institucional intenta poner una camisa de fuerza a la soberanía de nuestro proyecto político”, entendiendo que ésta es una vía “chilena” de encauzar las demandas del pueblo mapuche.

Asimismo, hay otros sectores, mayoritarios, me atrevería a reconocer, que creen que se pueden dar las condiciones en este proceso para mejorar la relación que ha tenido el Estado de Chile con el pueblo mapuche. Mucha de esta población, que ha sido víctima del despojo territorial, en primera persona o a través de su historia familiar, fue protagonista de la gran revuelta social. Ellxs son nacidxs y criadxs en los centros urbanos, y son la diáspora mapuche que tiene derecho a recuperar su identidad; “no hay una sola forma de ser mapuche, si así lo fuera sería una tiranía de un grupo sobre otro”, señalan desde el lado de los que tienen esperanzas en este proceso.

Puede que se vean dos miradas distintas y distanciadas, pero ambas tienen el mismo objetivo; recuperar los derechos del pueblo mapuche. Los caminos son distintos, pero buscan el mismo objetivo. De esta forma, se demuestra a los “chilenos” que lo Mapuche es diverso, que no es un solo cuerpo. Aquella diversidad de antaño que logró derrotar al ejército imperial de España sigue presente y está lejos de rendirse desde sus distintas trincheras.

Si bien se entiende que este proceso tal vez no va llegar a superar los daños que ha cometido el Estado de Chile hacia el pueblo mapuche, estamos ante una oportunidad histórica de avanzar hacia una sociedad nueva, de cambiar el paradigma de este Estado, y se reconozca y valore de una vez por todas, la “hermosa morenidad” de este territorio.